MIS MUSLOS FIRMES EN LA TIERRA

 

No quiero darte pena
aún no soy tierra,
aún lucho por estar aquí,
viva, plena.

Mis pechos aún tiemblan

ante la caricia anhelada,
mi boca entreabierta,
espera el beso que no llega.
Pero soy mar, soy ola
que lame la arena, soy
ese rayo de sol que acaricia
las penas, que las ilumina
que las avienta.

Soy fuerte como el roble,

llena de savia que corre
por mis venas.

No me tengas pena,

soy esperanza de la primavera,
mis manos ramas llenas de fuerza,
mis muslos firmes se afianzan a la tierra.

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LA LIBERTAD ES MÍA

Es un nuevo día
un rayo de sol se cuela
por la ventana,
hoy podré comenzar
de nuevo.
Hoy es mi día, mi primer
día.

Hoy comenzaré a sonreír,
la libertad es mía,
el aroma a mar entra
por la rendija y sabe
que es así.

Soy libre, podré sonreír,
porque la vida es mía,
hoy las las flores saben
como me siento, y desprenden
sus colores para mi.

Los pájaros cantan porque
saben que la vida es mía.
Hoy por fin soy libre,
hoy sentiré que puedo volar,
que está noche alcanzaré
las estrellas, que la luna
me iluminará.

Mi camisón de seda,
se ciñe a mi cuerpo,
la tela se pega a mis
muslos, lo siento
a cada paso que doy,
el patio brilla con el sol,
y noto la sangre correr
por mis venas, como
un caballo desbocado.

El universo sabe
que la vida es mía.
Tú sabes que soy libre,
por fin lo soy, sí, lo soy.
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En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida.
» Federico García Lorca

 

 

MIS PIERNAS TE ENVUELVEN

Me gusta el aroma
a tierra mojada,
me recuerda a tu
piel, cuando sales de la ducha.

Miro tus ojos y dibujo en ellos
un corazón rojo. Sonrío
cuando me miras así,
como si no me hubieras
visto nunca, como si mi
melena tirada sobre la
sábana no la conocieras,
metes tus manos y entrelazas
mi pelo, lo amasas, lo hueles,
pintas poemas con mi cabello,
me los susurras con tus dedos.

Mi cuerpo te busca, estás aquí
y ya te echo de menos pensando
en que te tienes que ir.
Y me doy la vuelta sobre ti,
te beso los parpados,
la frente, te beso hasta
la mirada, esa tuya de
cuánto te quiero, y me dan
miedo estos momentos,
a no vivirlos más, a no tenerlos.

Me quito la camiseta,
mis pechos inhiestos,
los pego a ti, me quito las angustias,
me desvisto los miedos.

Me susurras: tienes los pechos
más bonitos del mundo,
quiero arrancar las hojas del
almanaque para que pase
más deprisa el tiempo, no puedo
estar sin ti.

Y mis piernas te envuelven
y te beso esa boca tuya que me
vuelve loca, y todo se asienta,
ya solo quedamos tu y yo,
en un invierno lleno de un amor,
que no hace falta ni estufa, para
calentarnos.

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EL SITIO DE LAS ALMAS

El color morado de la muerte,
me pintaron en aquel bosque,
de hojas negras y troncos rugosos,
de mi cuerpo surgieron azucenas,
de mis labios como los lirios, un
leve suspiro.

En la dulce mañana, los pájaros
chillaron, las hermosas mariposas,
sus alas enlutaron, las serpientes reptaron,
mil nubes negras dejaron caer sus
lágrimas.
Aquel verano dorado toco mis dedos muertos.

Aquel día las hojas cantaron,
canciones irlandesas llenas de tristeza,
la vida jamás llegaría a aquel sitio.
La primavera se montó en la barca
de Caronte y me llevo consigo,
besándome el último rayo de aliento.

Aquel era el sitio de las almas,
allí el aíre no te azotaba, la hierba
te acariciaba la piel, el rocío de la
mañana besaba mi boca.
Y el amor creció tras la muerte en hilos
de plata, que atraviesan el lago.

Del mismo modo me sentí por
primera vez libre, no había ese dolor negro
como alas de cuervo;
recuperé mi ser, sentí un fuego crepitante.
Y colgué de la tierra mirando el azul,
con el corazón ligero.

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La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.
Antonio Machado.

 

AMOR QUE ARDE

 

Te vi por la calle,
¡Que escalofrío me dio!
Tus ojos se engancharon 
a los míos, como las hojas
a las ramas.

Se oyó una canción de
un bar cualquiera,
la música nos envolvió
y tu boca mordió,
suavemente mi boca,
no puedo explicar
lo que mi cuerpo sintió.

Y fuiste luz de mi sombra,
fuimos música, poemas,
sentimientos encendidos.

Ardimos juntos en aquel
encuentro, locos por tenernos,
nos habitamos el uno en el otro,
nos sentimos, nuestras miradas
se amaron, fuimos armonía
en la pequeña muerte.

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Pintura de: Leonid Afremov.

Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección. —Antoine de Saint-Exupéry.

 

 

NOSTALGIA EN MIS MUSLOS

Mis muslos se estremecen,
notan tu ausencia
los entrecruzo, intento
engañarlos con el roce
de mi propia piel.

Mi boca mastica
las palabras, las trago,
intento no vomitarlas,
no quiero decirte lo
mucho que te quiero.

No deseo que me oigas
y te sientas obligado
a decir palabras vanas,
ahora solo quiero tu boca
para besarla despacito,
con el sentimiento de
mis ojos colgados de
tus labios, que ya me
saben lejanos, idos… no
me mientas, no quiero
compasiones, quiero
deseos, no decepciones.

Y si das la vuelta y vienes,
que sea para abrazarme
las tristezas, los miedos,
que me los quites a fuerza
de caricias.

Déjame sentirme serena,
llena de ti y tu sonrisa,
oler tu pelo mojado,
que me huele a champú
de los de coser heridas,
de las costuras del alma.

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TE OLVIDÉ

 

Ya no recuerdo tu silueta,
entrando por la puerta,
tu sudor en las noches de calor,
tus dedos recorriendo mi cuerpo.

Solo me acuerdo de aquel día
de verano que te fuiste,
un blues sonaba envolviendo
el eterno estío.

Crepúsculo de fuego
que quemaba mis ganas
de tenerte.

Ahora solo oigo Jazz,
ya no sé como era tu mirada,
ya no te siento, ya no estás.

Solo eres una sombra
de tiempos pasados,
tuve las entrañas rotas,
los ojos morados de llorar,
pero abanique mis penas
y sople las tristezas.

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Acuarela de: Erica Dal Maso.