Archivo de la categoría: Relatos y otros cuentos.

¡NO LAMAS MI SANGRE!

Oyó ruidos y se sobresaltó, quito voz a la televisión y puso más atención, volvió a oír ruidos, salto del sofá y fue hacía la puerta, comprobó que estaba bien cerrada, se asomó con cuidado por la ventana y vio a tres hombres en el jardín, estaban riéndose y señalando la casa.
Sintió miedo, su casa estaba en las afueras, no había nadie cerca que pudiese ayudarla, tenía la cara desencajada, apago la televisión, las luces y a oscuras subió a su dormitorio, en la espesa oscuridad los sonidos se hicieron más fuertes, pensó en las historias de muchachas violadas, y el terror se apoderó de ella.
Con horror se dio cuenta de que se había dejado el teléfono en el salón, debía cogerlo si quería llamar a la policía. ¿Por qué no llamaría antes? Procurando no hacer ruido bajó las escaleras, sintió un aire frío que le erizó el vello de los brazos, ¡Ellos estaban allí! Se mordió la lengua para no gritar, despacio llegó al salón, ¡El teléfono no estaba! Chillando subió las escaleras y se escondió debajo de la cama, oía los pasos y se dijo: no me cogerán, abrió la mesita de noche y cogió un pequeño puñal cerró los ojos y se lo hincó en el pecho.
El gato llegó al dormitorio, la chica estaba tendida llena de sangre, con ojos horrorizados miraba como el minino lamía su sangre.
Las risas traspasaron la ventana, alguien gritó, ¡Qué bien que no hubiese nadie, la piscina está estupenda!
El móvil seguía en la encimera de la cocina.

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EL AVISO DEL MÁS ALLÁ

Tirada en el sofá, con las piernas al aire y con solo una camiseta vieja, miraba la tele de forma distraída, su mente estaba en aquel hombre, lo había conocido por casualidad en aquella librería que tanto le gustaba, olía a papel, a tinta. Allí solo vendían libros de segunda mano, a veces encontraba verdaderos tesoros.

Él hojeaba un libro, lo miró, mediana estatura, moreno, unos ojos intensos que cuando la miraron la dejaron embelesada, una boca para estar dos semanas besándola sin parar, joder, era atractivo de verdad, le sonrió y decidida le preguntó: —¿Un café? Me encantaría hablar de libros contigo. Él aceptó inmediatamente.

Toda la tarde hablaron e intercambiaron los teléfonos, sin embargo, él no había dado señales de vida.
No entendía que la hacía estar pensando en él de esta manera, sin dudarlo llamó a la librería, se puso su ya amigo el dueño y le preguntó si recordaba aquella tarde y con quien había salido.

Hubo un silencio incomodo al otro lado de la línea.
—¿Carlos, que pasa?
—Ese día saliste sola, no te vi con nadie, en la cafetería estabas frente a la ventana leyendo un libro igualmente sola.
—¡No puede ser! ¡Te has equivocado de día, piensa!
—¿Cómo dices que era él?
Ana describió el físico de aquel hombre que se estaba convirtiendo en algo misterioso.
De nuevo aquel silencio… Ana esa descripción pertenece a mi hijo, pero es imposible, él murió hace cinco años.
—¡Pero me dio su número!
—¿Lo has llamado?
—Si, pero nunca contesta.
—Llama dentro de unos minutos.

Ana llamó temblando, cuando descolgaron suspiró, oyó una voz, pero no era la de él, era el dueño de la librería.
—Hola, Ana, tengo su móvil guardado, como todo lo suyo.
Se echó a llorar, por primera vez pensó que podría enamorarse y no era real, ¿Qué había pasado? ¿Qué umbral había cruzado?
Recordó una frase a la que no dio importancia: La vida es tan corta como un aleteo de mariposa.

Pensó si la muerte no la estaría esperando a ella y él acudió a advertirle.
Por primera vez le dio importancia a aquel bulto en el pecho, decidió pedir cita,
dos meses después sabía que tenía cáncer de mama, la suerte era que lo habían cogido muy a tiempo.
Lágrimas de agradecimiento le cayeron, contemplando el arrebol.

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¿SABES QUIÉN ERES?

La noche oscura sin estrellas y la luna escondida tras las nubes, daba impresión desde aquel callejón, la parte posterior de un restaurante donde ella acababa de terminar su trabajo.
Aligeró el paso quería salir de allí, la oscuridad la ponía nerviosa, por fin salió a una calle más iluminada, apenas había gente, echó a nadar, caminaba hacía su casa con pocas ganas, últimamente las noches se habían convertido en pesadillas.
Esos sueños la estaban matando, hasta en el trabajo el jefe le había llamado la atención de lo descentrada que estaba.
Abrió la puerta, empezó a encender luces, encendió la televisión, se echó una manta por encima y decidió que esa noche la pasaría en el sofá.

Los ojos se le cerraban, estaba cansada, el día pareciera que no terminaría nunca. Abrió los ojos de golpe las luces habían bajado de intensidad y la televisión tenía el volumen a tope.
Sobresaltada, con el estómago revuelto del miedo se levantó, quitó volumen y apagó las luces. Volvió a encenderlas y esta vez todo siguió oscuro.
Desde la televisión oyó: –no puedes huir, ya eres nuestra.
Gritó e intentó correr hacía la puerta de la calle, una férrea mano la sujetó del brazo.


—¡Tú eres mía, jamás saldrás de aquí!
—¿Quién eres? Déjame ir, por favor, lloriqueo sin apenas fuerzas.
una risa siniestra se oyó en todo el piso.
—¿Irte? ¿Aún no lo ves? Y al mirar con el miedo en la mirada se hundió en un mundo negro como aquella noche. La casa estaba vacía, solo telarañas y polvo.
La risa volvió más cercana, una sombra negra avanzó hacia ella,
una capa negra envolvía aquel hombre de pelo negro, ojos oscuros,  pintados con una raya negra que los hacía aún más sombríos, y, al fijarse bien se dio cuenta de que podía ver a través de él.
—¿No lo recuerdas?
—Te quitaste la vida hace un año.
—¡No! ¡No es verdad! Hoy he ido a trabajar y la voz se fue esfumando entre polvo y muerte.
Y entonces recordó la bañera, su cuerpo inerte y el reguero de sangre.
Él la cogió, ven querida, ven, que te llevaré a tu sitio, a tu verdadera casa. -¡El infierno!

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NO TODO ES LO QUE PARECE

Bajó de la nave, iba con la cara descubierta, ya habían medido el nivel de oxígeno antes de bajar, miró impenetrable el valle desierto, tan seco que había grietas en el suelo.
Bajó otro compañero y decidieron explorar los alrededores, todo era desolación, soledad y muerte.
La mujer en un susurro dijo:
—Este planeta está destrozado mira alrededor el presidente tenía razón.
—Vamos a darle otra oportunidad Dana, busquemos una ciudad, quizás haya alguien con quién podamos hablar.
Dana asintió y volvieron a la nave, volaron durante dos días, cuando estaban a punto de rendirse vieron una urbe y movimiento en ella.
Decidieron descansar esa noche en la nave y dirigirse al día siguiente hacía allí.
Les preocupaba el hecho de no ser aceptados, los habían visto en la pantalla del ordenador y eran seres feos y deformes, ellos eran una raza superior se dijo Dana, miró sus perfecta imagen en un espejo, su cara era bellísima, con esa belleza que deja eclipsado al mismo sol, él era un hombre que al igual que ella tenía una hermosura inconmensurable.
Se levantaron temprano y decidieron acercarse andando.
Cruzaron un parque en el que un macizo de azucenas estallaba en grandes ramos de flores y sonrieron, sí que había vida, el presidente estaba equivocado.
Por fin se iban a encontrar cara a cara con aquellos seres, unos críos feos, llenos de fluidos asquerosos, gritaron con una voz chillona, ¡Ni en el planeta de los monos chillaban tanto! Salieron lo que debían ser los adultos y también gritaron, —¿Qué les pasaba? Se preguntó Dana, ellos eran normales, ¿por qué los miraban asombrados?
Un ser que ellos creyeron identificar como un hombre se acercó sudoroso y con algo que parecía un arma disparó sin más, Dana sintió un ligero golpe, lo miró enfadada y sacó de su bolsillo un arma pequeña y disparó a aquel ser, sabía que estaba muerto, no hacía falta comprobarlo.
Dana miró al compañero y se dieron la vuelta. —Estos humanos no cambiarán nunca, se matan entre ellos, destruyen su propio planeta, son crueles, es mejor hacer caso del presidente dijo el compañero, se les ha dado mucha oportunidades. 
Aquí no hay nada ni nadie que merezca ser salvado. Sus trajes brillaron como diamantes al sol.

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MICROCUENTO—-LA NIÑA

 

La niña andaba entre la nieve con un vestido rosa, destacaba en aquella blancura, un hombre que estaba en el bosque intentando cazar al oso que mataba sus ovejas, la vio y le pregunto: ¿Te has perdido? Ella sonrió y él entendió que no era un oso quién mataba a sus animales.

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LA NIÑERA II

Si queréis leer la primera parte, este es enlace:  LA NIÑERA

 

LA NIÑERA II 

La niña avanzó hacia mí, sus ojos refulgían, su boca entreabierta mostraba unos dientes afilados, su cara era la misma maldad.
Me dijo con una naturalidad que me dejó petrificada: quiero tu sangre. Con ojos anhelantes, demasiado tristes para llorar intenté correr, pero estaba paralizada, sentí como me mordía, como la sangre corría por mi cuerpo, el calor que iba dejándome y me pregunté qué pasaría conmigo.
La mujer desfigurada me estaba mirando, apenas en un susurro me dijo: ahora eres tú su comida.
¡Grité y grité! Nadie contestó.
La niña sonrió y se acostó en la cama, cerró los ojos, aparentemente dormía, salí del dormitorio, busque a la mujer, una sombra corriendo, eche a correr tras ella, vi a la mujer de la cara desfigurada, apenas tenía carne que colgara de su cuerpo.
Para por favor, necesito que me expliques, dime que está pasando.—¡Calla! ¡Te van a oír! me miró temerosa. Pero si tú gritas como una descosida, yo ya estoy muerta, tú no… Gemí, ¿qué va a pasarme?—La niña no parará hasta que no tengas nada que darle, entonces ella misma te matará.
Pero ¿y los padres?—Ellos tienen más miedo aún, harán lo que ella les ordene. ¿No te diste cuenta? Ella es el mismo diablo.
Horas más tarde en su cama bocarriba pensaba en todo lo que le estaba ocurriendo, la niña había desaparecido, no se oía ni un ruido, la casa silenciosa le daba más terror aún.
—Me debía haber quedado dormida porque desperté al sentir que algo me estaba lamiendo, sobresaltada pegue un salto de la cama y me encontré con un perro de pelo corto, negro como la oscura noche sin estrellas.—Hola, pequeño — lo acaricie entre las orejas y mirándome con la cabeza gacha se dirigió hacía la puerta, gemía y tiraba de mí.
Me llevo hasta una habitación, todo estaba cubierto con sábanas negras, solo un pequeño mueble estaba descubierto, encima de él una muñeca, era un calco del bebé.
El perro me empujaba hacía ella y yo la miraba horrorizada, aún me dolía donde me había mordido.
Me estremecí de nuevo al oír el llanto más triste que jamás había escuchado en mi vida, era tal la tristeza que la trasmitía a toda la casa.
Sin embargo, la muñeca torció la boca en una sonrisa cruel, avance rápidamente hacía ella y la cogí, el miedo me congeló y no podía moverme, ella estaba latiendo con la fuerza de un corazón, pensé que me iba a morir ahí. Cuándo el perro me mordió de forma suave logré despertar de este horrible momento y salí corriendo hacía la puerta de la calle, abrí con cuidado el cerrojo y corrí como si me persiguiese el mismo demonio y así era, lo llevaba yo misma en la mano.
Ahora lo que oí no fue un llanto de tristeza, fue un alarido espeluznante y lleno de rabia. Mire hacía atrás y allí en la puerta estaba el bebé, corrí con más fuerza, pero ella me perseguía con una velocidad que casi me había alcanzado.
Cogí la muñeca y la metí en el agua, al lado de los lotos y la aguante allí bocabajo a pesar de que esta parecía poseída y se estremecía y retorcía, casi caigo en la locura, mi alma estaba atormentada y rota.
Vi como la niña se balanceaba, sus ojos rojos se abrieron tanto que creí se le saldrían, cayó pesadamente en el suelo frío.
Arranqué la cabeza de la muñeca y eché todo en el lago.
Cogí a la niña y también la sumergí, mil lágrimas resbalaron
por mis mejillas; supe que estaba atrapada en el horror de aquella casa, la luz está muerta igual que quienes habitan en la casa por toda la eternidad, ahora lo sé, yo seré otra moradora.
Pronto alguien volverá por nosotros.

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LA NIÑERA

Con este relato participé en el concurso de la incansable   lo hice el último día a última hora, vi el concurso y pensé: intentalo. Así que me puse a escribir y en apenas una hora u hora y media terminé el relato, tiene obviamente menos votos que los demás pero estoy contenta de haber participado. Mil besos Pau, por ser tan generosa con todos.

LA NIÑERA

La puerta enorme de madera oscura y lienzos góticos se abrió sin darme tiempo a tocar, miré el enorme vestíbulo, allí cabía sin problemas mi apartamento, estaba alucinando por lo que veía: enormes cuadros, ventanas con unas cristaleras de colores que al entrar los rayos de sol iluminaban la estancia como un arcoíris, una mesa donde podían sentarse al menos 20 personas cómodamente, en la que encima habían colocado un delicado jarrón de cristal y dos hermosos cisnes también de cristal.
La lámpara me pareció una de las cosas más bellas que había visto, lágrimas como diamantes conformaban filigranas que los ventanales hacían que brillará y se llenará de color.
Justo en ese momento vi venir hacía mí un hombre alto, vestido totalmente de negro, su cabello andrino, ojos azabache, todo en su figura impresionaba. Con una voz ronca se dirigió a mí: -debes de ser la niñera-.
Dije un tímido -sí- venga por aquí, me dirigió hacía unas escaleras inmensas, con unas maravillosas barandillas de madera, que al contemplarlas de cerca me di cuenta de que eran pequeñas figuras retorciéndose, sentí un pequeño escalofrío.
Paró delante de una puerta y la abrió, -pase por favor, esta es su habitación-.
Cuando me vi dentro parpadee varias veces, hermosa, llena de luz y con unos muebles que parecieran salir de unos cuentos de hadas, ¡Me encantó. Una sonrisa enorme cruzó mi cara al mirar al hombre que me había llevado hasta allí.
El muy serio me dijo: me llamo Carlos, si necesita algo me avisa, en la cena conocerá a la señora.
Cuando por fin me quedé sola me dirigí al balcón y me quedé sin respiración, el paisaje era bellísimo, con un estanque lleno de flores de loto, con tantas flores que se perdían, los árboles daban sombra a unas tumbonas. Daban ganas de bajar y leer un libro en aquel lugar que inspiraba serenidad.
Recordé no sé por qué las figuras de las barandas y me estremecí, se me vino a la cabeza los extraños cuadros, las figuras terribles que había pintadas, pensé en la distinta decoración de la casa, como si hubiese sido decorada por dos personas distintas.
De pronto se oyó un grito aterrador, el corazón me dio un vuelco, me asomé al pasillo con cuidado y vi aquella mujer con los ojos rojos, la cara desfigurada y una figura esquelética, me miró y sonrió, aquella sonrisa te dejaba helada, cerré la puerta con cuidado, me apoyé en ella y pensé en irme pitando.
Jamás en mi vida había contemplado algo que me diera tanto terror, intenté tranquilizarme, suspiré hondo dos o tres veces y decidí pegarme una ducha y bajar a cenar.
Un pequeño golpe en la puerta me anunció la cena, bajé la escalera con un poco de temor, al entrar al comedor de nuevo me quedé sorprendida, parecía un salón del siglo XVIII lleno de esplendor, una mujer blanca como la cera vino hacía mi, me beso las dos mejillas y me susurro al oído: que buen color tienes niña… Todo el cuerpo se me puso erizado a pesar de la sonrisa que luego me obsequió.
Nos sentamos a la mesa los tres, el silencio dominó la cena, hasta que un grito gutural sacudió los cimientos de la casa, me estremecí y miré asustada, mis anfitriones, no podía creerlo, ¡Estaban tan tranquilos! Pensé: me voy, ¡Pero ya! 
Me levanté con brusquedad, lo siento, creo que no me interesa el trabajo, salí del salón y subí las escaleras, abrí la puerta del dormitorio y allí estaba: un bebé de unos dos años, vestida de negro, el pelo del color del trigo y los ojos más rojos que el zafiro, las lágrimas me corrieron, pensé con melancolía en mi casa, tan segura, tan acogedora y supe que no la vería más.
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LA SOMBRA DEL DOLOR

 

Meses en casa, la enfermedad la está consumiendo, le duele el alma, la ansiedad hace jirones el corazón, pasan los días, no mejora, el miedo la envuelve como una segunda piel.
Se han ido las letras, ya no puede formar palabras ni hacer poemas.
Llega la primera de muchas irritaciones, mira y no puede creer las palabras que salen de aquella boca tan querida y responde, se defiende, se enciende y la ambulancia de pronto está allí, ha empeorado y se encuentra entre el hielo de su corazón y el infierno de su enfermedad.
Y se vuelve rutina, insultos, manipulaciones, mentiras, y la ansiedad se van quedando cada vez más dentro, ha comprado un trozo de su alma y se ha instalado.
Un día, otro más, va pasando la vida llevándose lo poco que le quedaba: su sonrisa.
Piensa si ha merecido la pena tanto sufrimiento, si lo merece ahora cuando la sombra de la muerte le pisa los pies pasar por toda esta tortura por miedo.
Puede abandonarse por completo y romperse en mil pedazos, o bien amar la soledad, dejarse llevar por ella a los infiernos de los días eternos.
Puede usar sus recuerdos para devolverse una tristeza más pura, menos terrenal, despojada de las miserias diarias, una pena que justifique sus lágrimas aquellas pálidas tardes que la poesía le ha regalado.

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¿A QUÉ HUELEN LAS NUBES?

 

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La adolescente miraba la televisión embobada, estaba su anuncio favorito, que ganas de tener la menstruación y ponerse las compresas con alas para sentirse en las nubes y poder volar libre.
Le encantaba las chicas que salían, tan guapas, sonrientes y felices, ella quería sentirse así.
Dos días después notó las braguitas mojadas, fue al cuarto de baño acelerada y a continuación con voz ilusionada llamó a su madre: —¡Mamá, me ha venido la regla! La madre le dijo: —¡Ya eres un mujercita! Y le dio la deseada compresa con alas. Se quedó sola y miraba la compresa como un tesoro, ¡Por fin podría oler las nubes, volar, sentirse mujer!
Se la puso con cuidado, fue para el balcón feliz y plena, miró el horizonte y pensó en las hermosas mujeres de los anuncios, ella sería como ellas, no, una adolescente gordita, ahora pertenecía al club.
Miro la acera y sonrió, ahora ella volaba, tenía alas, se subió a la barandilla y con los ojos brillantes de la emoción se tiró.

 

A los catorce años no necesitas enfermedad o muerte para la tragedia. Jessamyn West.

EL SINO DE LAS PATATAS

Era una mañana espléndida, algo fría, pero con un cielo de un azul brillante maravilloso, el campo se veía verde, sereno, pasear era una delicia.

Se oyó un quejido: —¿Qué pasa? ¿Por qué estoy aquí? ¡Qué lugar tan frío y húmedo!
¡Estoy enterrada! La tierra me está ahogando, ¡Tengo que salir!

Socorro, socorro… el grito se fue haciendo un suspiro desesperado.

Alguien tira de mí, me están sacando, gracias, gracias…Pero: ¿Esto que es? ¿Por qué me tiran así, en este sitio? Me duele todo, y hay tantas como yo…¿Donde nos llevan? Estoy asustada, no sé qué pensar.

Se oyó una voz: —¡Coge unas cuántas y tráelas aquí! —¡Me han cogido! ¿Qué me van a hacer? Solo hay silencio, alguien coge un cuchillo y comienza el trabajo, mis gritos se oyen a muchos kilómetros, pero nadie los escucha.

El dolor que siento es terrible, no resistiré mucho más, ¿por qué son tan crueles? ¿Esto que es? ¡Dios! ¡Me están quemando viva! Solo queda el silencio y el murmullo del aceite hirviendo, mientras se fríen las patatas.

Este año hemos tenido una buena cosecha, ¿verdad?

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