Okiku el espectro del Castillo de Himeji 姫路城

LA LEYENDA DE OKIKU (お菊さん nombre que significa «crisantemo»)

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Hace mucho tiempo, había una mujer llamada Okiku que trabajaba como sirvienta para lavar platos en el castillo de Himeji. Okiku era muy hermosa, y no pasó mucho tiempo antes de que llamara la atención de uno de los criados de su maestro, un samurai llamado Aoyama. Aoyama intentó muchas veces seducir a Okiku, pero cada vez rechazó sus avances.

Una de las labores de Okiku era estar  pendiente de diez platos dorados que eran de Aoyama, y un día, el samurái decidió esconder uno de ellos. Le dijo a Okiku que no accedía a irse con él, la culparía de robarse el plato, lo cual la llevaría a ser torturada y ejecutada.

Okiku se negó en redondo a pesar del terror que sentía. Aoyama, la tortura, intenta ahogarla y finalmente la arroja al pozo.

En la víspera de la muerte de Okiku, se dice que se arrastró fuera del pozo y se le aparecía a Aoyama durante la noche. El samurái se volvió loco por los gritos del espíritu vengativo en la noche, ella se encontraba contando los platos del calabozo… volviéndose violenta al darse cuenta que el décimo plato estaba ausente.

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No mucho después, el fantasma de Okiku fue visto vagando por los terrenos del castillo. Noche tras noche, ella se levantaría del pozo y entraría en la casa de su amo, buscando el plato perdido. Contaría los platos: «Uno … dos … tres … cuatro … cinco … seis … siete … ocho … nueve …» Después de contar el noveno plato, soltó un grito espeluznante que se escuchó en todo el castillo. Ella atormentaba a Aoyama de esta manera, todas las noches, robándole su descanso. Los que escucharon parte del conteo de Okiku se pusieron muy enfermos. Los que tuvieron la mala suerte de escucharla contar hasta nueve murieron poco después.

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Finalmente, el señor del castillo decidió que había que hacer algo con respecto al fantasma de Okiku. Llamó a un sacerdote y le pidió que rezara por ella y ejercitara su espíritu. El sacerdote esperó en el jardín toda la noche cantando suttras. Una vez más, el fantasma de Okiku salió del pozo. Ella comenzó a contar los platos: «Uno … dos … tres … cuatro … cinco … seis … siete … ocho … nueve …» Tan pronto como Okiku contó el noveno plato, y antes de que pudiera gritar, el sacerdote gritó: «¡DIEZ! El fantasma de Okiku parecía aliviado de que alguien hubiera encontrado el plato perdido. A partir de entonces, ella nunca volvió a perseguir el castillo.

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Representación gráfica de un Yōkai mujer.

He cogido alguna información de: Solusan

LAS RATAS

Llegué a casa después de un largo día, agotado, deseando irme a la cama. Me tiré en el sofá, después de cinco minutos, me levanté, corría el riesgo de dormirme allí y deseaba ducharme, que el agua corriera por mi cuerpo, sentirme limpio y cenar algo después.

Fui quitándome la ropa conforme iba al baño, abrí los grifos, para que el agua no saliera excesivamente caliente y me senté en el váter.

De pronto sentí un dolor agudo, pegué un salto y vi una rata enorme mirándome, me había mordido el culo, joder, tiré de la cadena y cerré la tapa. Me preguntaba como había podido subir la rata, mientras el agua caía sobre mí, no podía dejar de pensar en la rata de los cojones ¿y si me había pegado la rabia? Note unos ruidos, entreabrí la cortina, miro aterrorizado las ratas que salían del váter. El vello se me puso de punta ¿qué hacían allí? 

Lo primero era salir, puse un pie en el suelo fuera de la bañera y las ratas se lanzaron por él, tuve que meterlo corriendo de nuevo. ¿cómo iba a salir? Las ratas parecían mirarme, mi ser entero se estremeció de miedo y asco. Pensé en echarles agua hirviendo. 

Abrí el grifo a tope y lancé el agua hacía ellas, parecieron enfurecerse, se lanzaron contra la bañera y algunas quedaron tiradas en el suelo.
Cada vez había más, el cuarto de baño estaba entero lleno de aquellos bichos.

Entre las ratas muertas, las otras caminaban hacía donde yo estaba, tiré con rabia la cortina y tapé las que pude, me lancé a la carrera hacía la puerta, ya estaba, ya llegaba, fui a abrirla, sentí un terrible dolor en la pantorrilla, las ratas fueron subiendo por mí, grité, salí corriendo, mi cuerpo lleno de ratas.

Lloré, cada vez venían más, doble las rodillas, ellas seguían mordiendo. Sentía que se me iba la vida, pero ellas seguían viniendo, sí, seguían viniendo… 

„«Las partes buenas de nuestra relación eran como una rata revolviéndose y mordiéndome en el estómago».“ —  Charles Bukowski,

CUIDADO CON LOS CUERVOS

Los cuervos observaban al cuervo muerto, miraban el cadáver mientras graznaban y volaban a su alrededor. Alguien había matado a su compañero, un cuervo imitó una voz gutural, todos entendieron que hablaba del hombre, aquel ser despreciable que mataba a los animales del bosque.
Tres o cuatro horas más tarde todos siguieron al que parecía mandar.
Con total seguridad fueron acercándose a una cabaña, allí vivía el hombre de las botas grandes, habían observado sus huellas.
Se colocaron en el tejado, pronto sería de noche.
El hombre sintió el golpeteo en el tejado, se sobresaltó, la noche era oscura, sin luna, no había estrellas, solo soledad y negrura.
Miró a través de la ventana, no vio nada, cuando de pronto volvieron los golpes,
se estremeció, —será un animal se decía así mismo.
Pensó que lo mejor sería ir a dormir, ya acostado vio unas sombras en la ventana, el miedo empezó a envolverlo, estaba en el bosque solo —¿quién sería?
—¿Qué quería de él? Una punzada de terror lo volvió a recorrer al oír golpes en la puerta y en la ventana.
El cuerpo se le tensó, la boca la tenía seca. Grito: —¿Quién es? —¿Qué quieres? Graznó el cuervo: —soy tu hermano, ¡abre! ¡No podía ser! ¡Su hermano estaba muerto! Pero era su voz, hay más en el oído de lo que capta el ojo, pensó, en aquella noche donde no había azul solo el negro azabache que lo cubría todo.
Los golpes volvieron a sucederse, él se resistía a abrir, el miedo hacía que su cuerpo se paralizase.
—Abre, has pagado por esto, la voz ronca parecía la de su hermano, entreabrió la puerta, unos ojos rojos como el fuego del infierno lo miraban.
Con fuerte aleteo los cuervos entraron en la casa, se fueron posando en los distintos muebles, uno se quedó en la puerta vigilante.
Él se acordó del cuervo que había matado y los miraba sorprendido, asustado, fuera de sí.
Sentado en una silla lloriqueó, —no quise matarlo de verdad, fue un accidente.
El cuervo imitó su voz y pareció sonreír, te mereces recoger tu premio.
Todos se lanzaron sobre él, le sacaron los ojos, para que no viera, le picotearon los oídos para que no oyera, le comieron la lengua para que no hablara.
Pensó que era mejor morir que este horrible dolor, esta soledad espantosa; lo que no sabía es que aún no habían terminado con él.
Lo empujaron al bosque, allí donde la sombría muerte le esperaba.

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¡Feliz halloween! 🎃🎃🎃

María.

¿SABES QUIÉN ERES? (RELATO CORTO TERROR)

La noche oscura sin estrellas y la luna escondida tras las nubes, daba impresión desde aquel callejón, la parte posterior de un restaurante donde ella acababa de terminar su trabajo.

Aligeró el paso quería salir de allí, la oscuridad la ponía nerviosa, por fin salió a una calle más iluminada, apenas había gente, echó a nadar, caminaba hacía su casa con pocas ganas, últimamente las noches se habían convertido en pesadillas.
Esos sueños la estaban matando, hasta en el trabajo el jefe le había llamado la atención de lo descentrada que estaba.

Abrió la puerta, empezó a encender luces, encendió la televisión, se echó una manta por encima y decidió que esa noche la pasaría en el sofá.
Los ojos se le cerraban, estaba cansada, el día pareciera que no terminaría nunca. Abrió los ojos de golpe las luces habían bajado de intensidad y la televisión tenía el volumen a tope.
Sobresaltada, con el estómago revuelto del miedo se levantó, quitó volumen y apagó las luces. Volvió a encenderlas y esta vez todo siguió oscuro.
Desde la televisión oyó: –no puedes huir, ya eres nuestra.
Gritó e intentó correr hacía la puerta de la calle, una férrea mano la sujetó del brazo.

———————

—¡Tú eres mía, jamás saldrás de aquí!
—¿Quién eres? Déjame ir, por favor, lloriqueo sin apenas fuerzas.
una risa siniestra se oyó en todo el piso.
—¿Irte? ¿Aún no lo ves? Y al mirar con el miedo en la mirada se hundió en un mundo negro como aquella noche. La casa estaba vacía, solo telarañas y polvo.
La risa volvió más cercana, una sombra negra avanzó hacia ella,
una capa negra envolvía aquel hombre de pelo negro, ojos oscuros,  pintados con una raya negra que los hacía aún más sombríos, y, al fijarse bien se dio cuenta de que podía ver a través de él.
—¿No lo recuerdas?
—Te quitaste la vida hace un año.
—¡No! ¡No es verdad! Hoy he ido a trabajar y la voz se fue esfumando entre polvo y muerte.
Y entonces recordó la bañera, su cuerpo inerte y el reguero de sangre.
Él la cogió, ven querida, ven, que te llevaré a tu sitio, a tu verdadera casa. —¡El infierno!

 

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¿DÍA DE TODOS LOS SANTOS O HALLOWEEN?

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Hay una hora en la noche, la más triste y fatídica; en ella los espíritus, fantasmas y visiones dejan sus ocultas moradas y vienen a este mundo a expiar sus culpas, bañando de terror las mentes de los sencillos labradores. Poco después de las nueve, empiezan a distinguirse en lontananza multitud de luces que, pausada y majestuosamente, caminan sin rumbo ni dirección fija. Apenas estas luces se divisan en la aldea, cuando un pánico terror se apodera de todos los vecinos; cierran las ventanas, atrancan las puertas, cada uno se encomienda al santo de su mayor devoción y entre la consternación y espanto general  se escuchan las voces de: ¡La campaña!

Esta historia no es una de las miles de leyendas de halloween también conocida como: Noche de Brujas, fiesta moderna de origen Celta, es muy al contrario una historia del periodista Claudio Cuveiro allá a mediados del siglo XlX. Así que esto demuestra que en nuestro país siempre se ha celebrado desde hace siglos la Noche de difuntos a Nuestra manera. 

Dice la historia que fueron los celtas los que nos dieron la idea de que durante la madrugada del 31 de octubre al 1 de noviembre, la delgada línea que separa los vivos de los difuntos dejaba de existir. Dice también que en este lugar del planeta el fuego y las castañas siempre han ayudado a pasar el trago. Así que ya sea  halloween o la fiesta de los difuntos es de todo menos norteamericana.

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Hay leyendas que dicen que por cada castaña que comas un alma del purgatorio se salva, así que a comer castañas calentitas que está muy buenas. También las hay que dicen que si comes siete el número mágico atraerás la energía de la tierra. Pero no solo las castañas están presentes, también los huesos de santo, los buñuelos, esos boniatos asados tan ricos o en almíbar. 

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Mi madre siempre nos contaba historias alrededor del brasero, nunca lo quiso quitar, mi padre aún sigue con él, me encanta sentarme a la mesa con el braserito, allí nos contaba historias que según mi mamá había sucedido. Os contaré una someramente para no hacerme pesada.

LA NOVIA

Una chica en el día de su boda, al dar el “sí quiero” cayó redonda y murió, el novio, sus padres todos estaban desolados, la velaron y ese mismo día por la noche decidieron enterrarla, no podían soportar el dolor de contemplarla. El padre dió orden de que el ataúd fuese de cristal por encima. De pronto, una lluvia torrencial, seguida de truenos y relámpagos hizo impracticable hacer el agujero en la tierra, decidieron dejarla fuera e ir por la mañana. Cuando llegaron y la vieron, todos quedaron horrorizados, la chica tenía los ojos abiertos, un rictus de terror y las uñas destrozadas ¡Estaba viva cuando la metieron en el ataúd! El médico dijo que podía ser catalepsia desarrollada por los nervios de la boda. El padre alcalde de la ciudad, dio orden de que todos los muertos se enterrasen con una campanita, para poder avisar en caso de necesidad. Según mi madre esto ocurrió en Jaén hace muchísimos años. 

Espero que os haya gustado este  post, os dejo unos dulces de las dos fiestas, ya que pueden convivir perfectamente, siendo las dos muy interesantes. 

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FELIZ FIN DE SEMANA, DÍA DE LOS SANTOS, DE LOS DIFUNTOS Y POR SUPUESTO HALLOWEEN.

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María.

LUNA DE SANGRE

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LUNA DE SANGRE

 

Bebés que lloran
en aquella habitación
blanca como la luna.

Alba, la enfermera
los mira y cantando
una nana la mano
le pone en su cara
de seda.

Luto sombrío el que

deja.
Alguien grita, ¡Otro
niño ha muerto!

Y lloran las estrellas

sentimientos de pena
en el Templo de la luna.

Rubia melena
cae sobre el niño,
acariciando su cara,
le llora angustiada.

Maldito espejo

que con la muerte trata,
que deja rastros
de dolor en la noche
de luna blanca.

Que transforma
a las personas
en animales que mueren
con balas de plata.

—97 palabras.

—Con este poema participo en el reto del blog de Lídia Castro

LAS ALMAS DE TALA

Con este relato participé en el concurso de pauladegrei.com una reloca maravillosa, con un blog que uno no puede perderse.

Espero que os guste y no podáis dormir, jajaja.


En el oscuro callejón no llegaba ni la luminosidad de la luna, 
un ser pequeño estaba encima de una persona, comía con fruición, sonreía a la noche satisfecha. 
Susurros en el viento le llegaron: vuelve a casa, ¡Vuelve ya! 
La criatura echa a andar, cuando salió a la luz de una farola 
asomaron unos cabellos dorados, una niña de unos cinco años, 
con unos ojos azules como el mar en calma, saltaba contenta. 
Un precioso vestido negro con una cinta alrededor de la cintura, 
la hacían parecer una mujer pequeña. 
Llegó a una casa con la puerta oscura, las paredes algo desconchadas, descuidadas macetas y árboles torcidos. 
Una mujer le abrió la puerta, mayor con el pelo negro andrino, 
los ojos azabache sin luz, parecieran mirar las profundidades 
más tenebrosas, pero la niña no sintió miedo, la siguió, entraron 
a una habitación con las ventanas tapadas por grandes cortinas de terciopelo negro, se sentaron en una enorme mesa, se oyeron 
pasos silenciosos, alguien colocó una bandeja con trozos de carne. 
—Te dije Tala que no comieras fuera, hoy teníamos un menú especial. 
—Mamá, no me regañes, tengo que salir o me moriré aquí dentro. 
La madre miró a la niña, le sirvió el plato y la niña lo miró complacida, esta cocinera limpia bien la piel, no deja ni un pelo, 
no es descuidada como la otra le decía a la madre mientras mordía aquel trozo de brazo. 
Tala tienes que ir a dormir, a esas horas no es bueno que estés aquí, puede venir la bruja y ella sí que nos castigaría. 
La niña subió lentamente las escaleras para ir hacía su dormitorio, miraba fascinada la barandilla de madera oscura, 
en ella caras de terror, de agonía y miedo se movían atrapadas, 
ella les metía el dedo y pequeñas gotas de sangre corrían por la madera. La madre le gritó: -¡Tala, deja a las almas del infierno! 
Pero mama solo jugaba con ellas y la sonrisa de Tala ponía los pelos de punta. 
Las gotas de sangre cayeron al suelo, caras llenas de sufrimiento y terror se dibujaban en el carmesí, Manite limpió la sangre, pensó en que haría con Tala, ella no tenía la culpa de ser así, pero nadie la aceptaría, ella era su madre y todo lo que fuese lo haría por su hija, pero le quedaba poco tiempo, tendría que arreglarlo todo para protegerla. 
Sentada en el gran salón esperó. 
Oyó los pasos fuertes enérgicos, su cuerpo se tensó, no entregaría a su hija, eso es lo único claro que tenía. 
—Hola, Manite, ¿Cómo estás? Te veo tensa, relájate, solo es una visita cortés. Los ojos negros insondables miraron a la bruja, sabía que no era así. 
—Siéntate entonces Meray, dime: ¿Qué puedo hacer por ti? 
—Hoy ha vuelto a salir de caza Tala, sabes que no puede comer humanos, pero no escuchas, quería advertirte que si lo hace de nuevo no nos quedará más remedio que quitártela y sabes las consecuencias que eso tendrá. No volverás a verla jamás y será una de las nuestras, la madre tierra así lo quiere. 
—Es mi hija Meray, no dejaré que os la llevéis. 
Unos golpes fuertes sacudieron la ventana, un sobresalto las sacudió a las dos, solo era lluvia, una lluvia intensa que golpeaba la casa. 
Y ella aprovechó el descuido y se abalanzó encima de la bruja, la mordió con fuerza 
la sangre salió a borbotones, Meray miró con temor, se había descuidado y ahora estaba en un gran peligro. 
Manite fijo sus pupilas esas tan negras que daban pánico y 
absorbió la mirada de la bruja, un halo blanco fue saliendo de la boca de la bruja, ella abrió la boca y fue tragando el alma, un último suspiro desesperado salió del pecho de Meray, ahora solo era una muñeca vacía, rota. 
La madre llamó a su hija a gritos, la niña bajo asustada, allí en el suelo estaba el cuerpo de la que tanto temía. 
—Madre ¿qué ha pasado? 
—¡Calla! ¡Abre la boca! La niña le hizo caso y la madre volcó en ella el alma de la bruja, los ojos le cambiaron, sus facciones se suavizaron, ahora no tendría jamás el deseo de comer carne y coleccionar almas en la barandilla. 
Ven, ahora estaremos siempre juntas hija mía. Chispas de dolor salieron de los ojos de Tala, la niña sonrió, sintió el dolor de la bruja, ya no necesitaría comer, ahora la tenía a ella dentro. 
En ese momento las rosas del cementerio se pudrieron y jamás volvieron a nacer. Ya no había vida solo la muerte paseaba por el lugar.

 

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EL CUERVO

Este es uno de los poemas más populares escritos en lengua inglesa. Una obra que sirvió para dotar de fama internacional a su autor. Es uno de mis poemas favoritos, El Cuervo, de Edgar Allan Poe.
Este autor me ha hecho pasar inmensas tardes llenas de «miedo» y fantasía. Hoy en su honor dejo este poema.

 

EL CUERVO

 

I
En una noche pavorosa, inquieto
releía un vetusto mamotreto
cuando creí escuchar
un extraño ruido, de repente
como si alguien tocase suavemente
a mi puerta: «Visita impertinente
es, dije y nada más » .

II
¡Ah! me acuerdo muy bien; era en invierno
e impaciente medía el tiempo eterno
cansado de buscar
en los libros la calma bienhechora
al dolor de mi muerta Leonora
que habita con los ángeles ahora
¡para siempre jamás!

III
Sentí el sedeño y crujidor y elástico
rozar de las cortinas, un fantástico
terror, como jamás
sentido había y quise aquel ruido
explicando, mi espíritu oprimido
calmar por fin: «Un viajero perdido
es, dije y nada más ».

IV
Ya sintiendo más calma: «Caballero
exclamé, o dama, suplicaros quiero
os sirváis excusar
mas mi atención no estaba bien despierta
y fue vuestra llamada tan incierta…»
Abrí entonces de par en par la puerta:
tinieblas nada más.

V
Miro al espacio, exploro la tiniebla
y siento entonces que mi mente puebla
turba de ideas cual
ningún otro mortal las tuvo antes
y escucho con oídos anhelantes
«Leonora » unas voces susurrantes
murmurar nada más.

VI
Vuelvo a mi estancia con pavor secreto
y a escuchar torno pálido e inquieto
más fuerte golpear;
«algo, me digo, toca en mi ventana,
comprender quiero la señal arcana
y calmar esta angustia sobrehumana »:
¡el viento y nada más!

VII
Y la ventana abrí: revolcando
vi entonces un cuervo venerando
como ave de otra edad;
sin mayor ceremonia entró en mis salas
con gesto señorial y negras alas
y sobre un busto, en el dintel, de Palas
posóse y nada más.

VIII
Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica? »
Dijo el cuervo: «Jamás ».

IX
En este caso al par grotesco y raro
maravilléme al escuchar tan claro
tal nombre pronunciar
y debo confesar que sentí susto
pues ante nadie, creo, tuvo el gusto
de un cuervo ver, posado sobre un busto
con tal nombre: «Jamás ».

X
Cual si hubiese vertido en ese acento
el alma, calló el ave y ni un momento
las plumas movió ya,
«otros de mí han huido y se me alcanza
que él partirá mañana sin tardanza
como me ha abandonado la esperanza »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XI
Una respuesta al escuchar tan neta
me dije, no sin inquietud secreta,
«Es esto nada más.
Cuanto aprendió de un amo infortunado,
a quien tenaz ha perseguido el hado
y por solo estribillo ha conservado
¡ese jamás, jamás! »

XII
Rodé mi asiento hasta quedar enfrente
de la puerta, del busto y del vidente
cuervo y entonces ya
reclinado en la blanda sedería
en ensueños fantásticos me hundía,
pensando siempre que decir querría
aquel jamás, jamás.

XIII
Largo tiempo quedéme así en reposo
aquel extraño pájaro ominoso
mirando sin cesar,
ocupaba el diván de terciopelo
do juntos nos sentamos y en mi duelo
pensaba que Ella, nunca en este suelo
lo ocuparía más.

XIV
Entonces parecióme el aire denso
con el aroma de quemado incienso
de un invisible altar;
y escucho voces repetir fervientes:
«Olvida a Leonor, bebe el nepenthes
bebe el olvido en sus letales fuentes »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XV
«Profeta, dije, augur de otras edades
que arrojaron las negras tempestades
aquí para mi mal,
huésped de esta morada de tristura,
dí, fosco engendro de la noche oscura,
si un bálsamo habrá al fin a mi amargura »:
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVI
«Profeta, dije, o diablo, infausto cuervo
por Dios, por mí, por mi dolor acerbo,
por tu poder fatal
dime si alguna vez a Leonora
volveré a ver en la eternal aurora
donde feliz con los querubes mora »;
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVII
«Sea tal palabra la postrera
retorna a la plutónica rivera,»
grité: «¡No vuelvas más,
no dejes ni una huella, ni una pluma
y mi espíritu envuelto en densa bruma
libra por fin el peso que le abruma! »
dijo el cuervo: «¡Jamás! »

XVIII
Y el cuervo inmóvil, fúnebre y adusto
sigue siempre de Palas sobre el busto
y bajo mi fanal,
proyecta mancha lúgubre en la alfombra
y su mirada de demonio asombra…
¡Ay! ¿Mi alma enlutada de su sombra
se librará? ¡Jamás!

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Traducción de Carlos Arturo Torres.

¡NO LAMAS MI SANGRE!

Oyó ruidos y se sobresaltó, quito voz a la televisión y puso más atención, volvió a oír ruidos, salto del sofá y fue hacía la puerta, comprobó que estaba bien cerrada, se asomó con cuidado por la ventana y vio a tres hombres en el jardín, estaban riéndose y señalando la casa.
Sintió miedo, su casa estaba en las afueras, no había nadie cerca que pudiese ayudarla, tenía la cara desencajada, apago la televisión, las luces y a oscuras subió a su dormitorio, en la espesa oscuridad los sonidos se hicieron más fuertes, pensó en las historias de muchachas violadas, y el terror se apoderó de ella.
Con horror se dio cuenta de que se había dejado el teléfono en el salón, debía cogerlo si quería llamar a la policía. ¿Por qué no llamaría antes? Procurando no hacer ruido bajó las escaleras, sintió un aire frío que le erizó el vello de los brazos, ¡Ellos estaban allí! Se mordió la lengua para no gritar, despacio llegó al salón, ¡El teléfono no estaba! Chillando subió las escaleras y se escondió debajo de la cama, oía los pasos y se dijo: no me cogerán, abrió la mesita de noche y cogió un pequeño puñal cerró los ojos y se lo hincó en el pecho.
El gato llegó al dormitorio, la chica estaba tendida llena de sangre, con ojos horrorizados miraba como el minino lamía su sangre.
Las risas traspasaron la ventana, alguien gritó, ¡Qué bien que no hubiese nadie, la piscina está estupenda!
El móvil seguía en la encimera de la cocina.

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EL AVISO DEL MÁS ALLÁ

Tirada en el sofá, con las piernas al aire y con solo una camiseta vieja, miraba la tele de forma distraída, su mente estaba en aquel hombre, lo había conocido por casualidad en aquella librería que tanto le gustaba, olía a papel, a tinta. Allí solo vendían libros de segunda mano, a veces encontraba verdaderos tesoros.

Él hojeaba un libro, lo miró, mediana estatura, moreno, unos ojos intensos que cuando la miraron la dejaron embelesada, una boca para estar dos semanas besándola sin parar, joder, era atractivo de verdad, le sonrió y decidida le preguntó: —¿Un café? Me encantaría hablar de libros contigo. Él aceptó inmediatamente.

Toda la tarde hablaron e intercambiaron los teléfonos, sin embargo, él no había dado señales de vida.
No entendía que la hacía estar pensando en él de esta manera, sin dudarlo llamó a la librería, se puso su ya amigo el dueño y le preguntó si recordaba aquella tarde y con quien había salido.

Hubo un silencio incomodo al otro lado de la línea.
—¿Carlos, que pasa?
—Ese día saliste sola, no te vi con nadie, en la cafetería estabas frente a la ventana leyendo un libro igualmente sola.
—¡No puede ser! ¡Te has equivocado de día, piensa!
—¿Cómo dices que era él?
Ana describió el físico de aquel hombre que se estaba convirtiendo en algo misterioso.
De nuevo aquel silencio… Ana esa descripción pertenece a mi hijo, pero es imposible, él murió hace cinco años.
—¡Pero me dio su número!
—¿Lo has llamado?
—Si, pero nunca contesta.
—Llama dentro de unos minutos.

Ana llamó temblando, cuando descolgaron suspiró, oyó una voz, pero no era la de él, era el dueño de la librería.
—Hola, Ana, tengo su móvil guardado, como todo lo suyo.
Se echó a llorar, por primera vez pensó que podría enamorarse y no era real, ¿Qué había pasado? ¿Qué umbral había cruzado?
Recordó una frase a la que no dio importancia: La vida es tan corta como un aleteo de mariposa.

Pensó si la muerte no la estaría esperando a ella y él acudió a advertirle.
Por primera vez le dio importancia a aquel bulto en el pecho, decidió pedir cita,
dos meses después sabía que tenía cáncer de mama, la suerte era que lo habían cogido muy a tiempo.
Lágrimas de agradecimiento le cayeron, contemplando el arrebol.

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