POESÍA JAPONESA—JISEI: UN POEMA DE DESPEDIDA (辞世の句 )

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Escribir poemas en el umbral de la muerte es una costumbre tradicional japonesa bastante habitual, aún en nuestros días. Este subgénero se llama jisei (“poema de despedida de la vida”) y no tienen nada que ver con los testamentos ni con las “cartas de adiós” a los familiares ni con las declaraciones firmadas a los jueces que dejan los suicidas.

El primer jisei del que se tiene constancia es del poema del Príncipe Otsu, hijo del emperador japonés Tenmu Tennō, fallecido en el año 686. Este, acusado de traición por sus propios hermanos al supuestamente intentar hacerse con el poder tras la muerte de su padre, redactó un breve poema justo antes de ser ejecutado.

Basado en las ideas sobre la muerte difundidas por el sintoísmo y posteriormente por el budismo japonés el jisei se hizo frecuente entre las élites niponas. Está conformado por treinta y una moras(que en español asociaríamos con sílabas, sin ser exactamente lo mismo) ordenados en cinco versos con 5-7-5-7-7 moras respectivamente, aunque en ocasiones se puede ver simplificado en forma de haiku.

 

JISEI (辞世の句 )

 

Cuando me vaya

no oiré la bella lluvia

en mí caer.

Hoy partiré en silencio

en el tren de la muerte.

 

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No sé nada acerca de cómo superar a otros. Sólo conozco el modo de superarme a mí mismo”.

-Bushido-

EN MÍ CAMA ATERIDA

Comienzo a perder el control
caminando con mi corazón
por este pasillo estrecho
que cada día me hace sentir más atrapada.

Viene a mí, viene
salvaje y enérgica la soledad
el dolor sangriento de tanta perdida;
máscaras de angustia tapan las bocas,
ya no queda ni tierra donde enterrar
los sentimientos.

Mi cuerpo está suplicando un abrazo;
fiebre entre la sombra inunda mis muslos
tiemblo versos de angustia,
en la cama aterida de frío,
el hielo de los muertos me quema.

Miro a través de la ventana
calles desiertas, de los sueños,
apenas queda una pequeña flor
en los maceteros, la primavera pasó
de largo.

Siento saudade de una sonrisa,
saudade de felicidad compartida,
saudade de hospitales vacíos,
siento saudade por mi vida anterior;
de niños riéndose sin temor,
saudade de reír a carcajadas,
de abrazar, tocar, besar sin miedo.

Mi vida es una rama desnuda,
cayeron las hojas antes de tiempo,
la brisa traerá un futuro que no imagino,
por ahora siguen cayendo las hojas…

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Fotografía de Magdalena Franczuk

 

Para todos los que estamos confinados, pasando los días lo mejor que podemos. 
Por todos los que se están sacrificando por nosotros. 

SOMBRAS NEGRAS

Nunca he sido de esas
que deja que la conozcas tanto
que puedas destrozarla,
siempre he huido de intimidades
mi ser es mío.

Alguien ya me vio y arrasó con todo,
aprendí de la derrota a ser derrotada,
esperar que nadie nunca nada.

Te dejo que me hagas el amor
como si se acabara la vida,
que conozcas cada minúsculo
poro de mi piel, pero deja mi alma
con la puerta cerrada.

Anochece y me abrazo a ti
en Reyes Católicos, quítame
esta soledad negra que me envuelve,
esta sensación de sentir la muerte en mi oído.

Quieres mirarme, ¿ver mi alma desfallecida?
Date prisa porque me voy ya de aquí
mira tranquilamente
porque tú no puedes salvarme
deseas cambiar la forma en que me veo,
pero alguien destrozó ese espejo.

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LA FOTOGRAFÍA

Tu fotografía aún colgada de la pared
me hace recordar cada día
tu boca glotona besando la mía,
tus brazos enredándose en mi pelo.

Eras Venus con un simple mortal
quise ser en ti, te desnude los
parpados a besos, puse una melodía
en la comisura de tu boca.

Desatendí mi soledad
para volcarme en los recuerdos,
conservo dentro de mí húmedas remembranzas.

Germino todas las mañanas
mirando tu imagen,
vivo y revivo como una historia de amor
se volvió amarga como la bilis
y solo fue abono de sangre para la tierra.

Llamo a Calíope para que me dé
las palabras que necesito
que mueva mis dedos sobre
el papel para escribirte…

Quiero seguir gozando
de tu cuerpo desnudo;
saltando como cervatillo;
en la cama, clamando
por sentirte clavada en mí.

Quiero leer tu cuerpo,
aprenderme hasta la última coma,
ven déjame que te levante la falda,
deja que nuestros dedos se toquen
que el aroma a sexo nos envuelva.

Porque yo te quiero, porque yo te amo.
Déjame abrirte mis brazos.
Que mi sangre se mezcle con tu sangre.
Porque yo te amo…

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