LA SOMBRA DEL DOLOR

 

Meses en casa, la enfermedad la está consumiendo, le duele el alma, la ansiedad hace jirones el corazón, pasan los días, no mejora, el miedo la envuelve como una segunda piel.
Se han ido las letras, ya no puede formar palabras ni hacer poemas.
Llega la primera de muchas irritaciones, mira y no puede creer las palabras que salen de aquella boca tan querida y responde, se defiende, se enciende y la ambulancia de pronto está allí, ha empeorado y se encuentra entre el hielo de su corazón y el infierno de su enfermedad.
Y se vuelve rutina, insultos, manipulaciones, mentiras, y la ansiedad se van quedando cada vez más dentro, ha comprado un trozo de su alma y se ha instalado.
Un día, otro más, va pasando la vida llevándose lo poco que le quedaba: su sonrisa.
Piensa si ha merecido la pena tanto sufrimiento, si lo merece ahora cuando la sombra de la muerte le pisa los pies pasar por toda esta tortura por miedo.
Puede abandonarse por completo y romperse en mil pedazos, o bien amar la soledad, dejarse llevar por ella a los infiernos de los días eternos.
Puede usar sus recuerdos para devolverse una tristeza más pura, menos terrenal, despojada de las miserias diarias, una pena que justifique sus lágrimas aquellas pálidas tardes que la poesía le ha regalado.

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27 comentarios en “LA SOMBRA DEL DOLOR”

  1. Pensar o hacer. Guardarse tiempo para sentir o invertirlo en ser. ¿Por qué tendría que ser oscuro el refugio? O, también, ¿por qué hay que buscar un porqué? ¿Para qué?
    Cada minuto importa. Cada uno es un don, aún los más dolorosos.
    Estoy contigo. Un abrazo.

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  2. El dolor consume y, si llega, hay que vivirlo a cabalidad. Luego de tocar fondo podremos vislumbrar la claridad y sabremos descubrir qué enseñanza nos dejó, para encontrar el equilibrio y la paz. Como todo en la vida: viene, llega y se va. Estamos siempre expuestos a vivir dolores, enfermedades, alegrías, sustos, temores, etc. Felizmente, nada es eterno.
    ¡Un abrazo grande y pleno de luz, María!

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  3. No es ingratitud, María, cuando los demonios se vuelven contra ti, es solamente dolor, impotencia, desesperación. La enfermedad va comiendo por dentro, va adueñándose de los sentimientos, de los pensamientos, de la alegría, de la ilusión.
    Pero de todo se sale, hasta de esta agonía, aunque la verdad es que quedan multitud de preguntas sin respuestas con las que hay que aprender a vivir.
    Un día de estos quizá publique un poema que escribí en una situación de enfermedad terminal de una persona muy cercana a mí.
    Un abrazo muy fuerte y recupera tu luz…

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