Archivo de la etiqueta: Relatos y otros cuentos.

LA SOMBRA ROJA

Interminables pasan las horas en esta cama que me ata, que me absorbe, que me atrapa.
Espera de la vida, que me hable, que me explique, que me ame.
¡Pero no llega!
Esa sombra roja que me asusta, sus palabras fluyen en versos de muerte.
Mis oídos se cierran, quiero que llegue la vida, que me sonría, que me abrace, me atrape.
¡Pero no llega!
—¿Has visto a la chica de la 22?
—Si, sigue atada.
—Pobre, en el manicomio con dieciocho años.
—Está así desde que asesinaron a su padre, había sangre por todos lados,
con unas palabras: sombra roja.
—¡Ayudadme, se lleva mi vida con la de mi padre!
Los dos auxiliares se miraron con conmiseración.
Al día siguiente ella estaba muerta, una nota decía: la sombra roja.

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LA SOMBRA DORADA: MI RELATO.

LA GUERRERA

 

En la sombra suspiraba la mujer,
escudriño la noche, aguzó el oído, 
todo permanecía sereno, más tranquila
la guerrera siguió andando, buscando
la oscuridad de la noche.
Lleva a fuego marcadas todas las batallas,
la sangre derramada defendiendo
a los suyos.
Mujer de luna, de armadura dorada,
había sido capaz de vengar la caída de
Fezzan su pueblo.
Jamás volvería a ocurrir, ella era: ¡La Guerrera!

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LA FRIEGAPLATOS

Trabajaba en la cocina de un restaurante de lujo, sonaba música de Jazz. No era chef, ni salsera, tampoco hacía las ensaladas. Su trabajo se limitaba a fregar platos, vasos, etc.
Doce horas sin parar por una miseria. Solo por el placer de esos cinco minutos.
Ese era el tiempo del que disponía para verlo.

Pero cada día se atormentaba sin cesar por la oportunidad dejada pasar. Aquella plaza de profesora de Historia que ella tanto deseaba.

—”Dios. Es tan difícil quererte, es tan difícil dejar de hacerlo. Yo simplemente te miraría a los ojos y te diría: te amo, pero me voy, me voy lejos. Pero no puedo”.

Esos pensamientos la tenían absorta, hasta que alguien le dijo: ¡Es tu hora!

Pegó un respingo, se quitó el delantal y se limitó a ponerse el abrigo por encima del uniforme.

Salió a la calle y comenzó a caminar. Decidió echarse por una calle estrecha y poco iluminada. Ella nunca se echaba por allí, pero acortaba bastante hasta su casa y se encontraba tan cansada…

Se fijó en una sombra detrás de ella. Avanzó un poco más rápido y se dio cuenta que la oscura silueta también aligeraba el paso. Volvió a avanzar más deprisa y la figura le seguía los talones, sintió miedo, empezó a correr, la imagen corría a su lado. Gritó y jadeante alargaba la zancada. Asfixiada y temblorosa llegó a su casa. Metió las llaves, cerró con rapidez la puerta, se apoyó en ella y dejándose caer al suelo lloró con verdadero terror.
Con el maquillaje corrido y aún hipando agitada, decidió no cenar y meterse en la cama.
Estaba adormilada cuando un ruido la hizo abrir los ojos, miro alrededor y no vio nada. Encogida se acurrucó entre las sábanas. Sintió de nuevo el sonido. Abrió los ojos desencajada. Allí a menos de un metro de ella, unas pupilas rojas la contemplaban. Se tapó la cara y ojeó entre los dedos, la mirada seguí allí.
Aterrada chillo, chillo como jamás lo había hecho. Y de pronto se dio cuenta: ¡Estaba mirando su propio espejo!
Y supo: que nunca te puedes librar de tu sombra ni del miedo a tu propio fracaso.

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María.

 

 

 

 

HISTORIAS MUY VIVAS 8—EL CEMENTERIO

Hola queridos amigos, de nuevo otra historia de Lara y el chico del collar, espero os guste y la disfrutéis. Un beso de luz azul.

 

 

Abrazados y temblando tratamos de huir hacia adentro del cementerio, miramos hacía atrás continuamente, allí estaban esos ojos que nos miraban como si quisieran comernos, 

respiré hondo y paré en seco, el chico del collar, tiró de mí, ¡Sigue!
—¡No! estamos muertos ¿Por qué sentimos este miedo? ¿Y si nada de esto es real?

¡Esto no es real chillé!  Es el hombre de negro, nos quiere con él, miré hacia los ojos rojos ¡No existes! Y se fue difuminando ante nuestros ojos como si fuese niebla…
Las risas se oían a lo lejos, el hombre de negro reía y reía, el terror se apoderó de nosotros, ¿Qué pasaría ahora?

Vimos como la tumba se removía, y quisimos correr, estábamos petrificados, viendo como aquello salía de la tumba, sus ojos refulgían como granates. ¡No puedes ser real! Lo grité con fuerza, pero esta vez no desapareció.
Fue el chico del collar quien me empujo y corrimos de nuevo, esta vez hacía la salida del cementerio, oíamos el ruido de las tumbas al abrirse y maldije fuertemente.

¿Esto es la muerte? ¿Qué he hecho para este castigo?
La voz retumbó con fuerza. —Nada, no habéis hecho nada, ja, ja, ja y aquella risa hizo que
las piernas me temblaran.
Aquel sitio había matado mi esperanza, mi alma de negro había vestido y mis ojos los estaba secando y aún así luchaba por salir de allí.

De aquel cementerio donde los muertos deberían descansar en paz, el silencio imperar, pero nada de eso ocurría allí.
El chico del collar me miró con angustia ellos seguían saliendo, sentí como me cogían con fuerza y vi aquella boca ensangrentada dirigirse a mí.
Continuará…

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Nada nace ni nada perece. La vida es una agregación, la muerte una separación.
» Anaxágoras  (500 AC-428 AC) Filósofo griego

HISTORIAS MUY VIVAS 7—MIEDO

Bueno amigos míos, hoy como cada semana una nueva historia de Lara y el chico del collar, espero os guste. Un abrazo de luz azul.

 

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Salimos de aquel lugar y anduvimos por la calle, sentí una voz dentro de mí: —¿Hay alguien aquí? —¿Lara puedes venir? Sentí un escalofrío…¡Eso era una sesión de ouija! ¡Alguien me estaba invocando! Yo había hecho algunas sesiones pero siempre terminaba asustada y lo dejé, miré al chico del collar. —Boni me están invocando con la ouija —¿Qué hago? y el ladeando la cabeza sonrío tristemente y me dijo: —¿Tú crees que puedes hacer algo? y sin pensarlo me lancé a intentarlo, cerré los ojos, volví a concentrarme y allí estábamos con mis amigos.
—Rosa lloraba, ¡Dejadla en paz joder!
Y en ese momento moví el vaso, quería hablar, preguntar qué había pasado, porque nadie estaba en mi funeral, ¿quién era esa muñeca igual que yo?
Pero todos saltaron y empezaron a gritar, a chillar unos a otros echándose las culpas —¡Tú lo has movido! De la mano aún de Boni, sentí un tirón brutal y de nuevo nos encontramos en Expiación.
El hombre de negro estaba acompañado por la chica de la cara quemada, los dos sonreían con sorna mientras nos miraban.
Era de día, nublado, gris, pero de día y de donde veníamos era noche cerrada, ¿Cómo era posible? ¿también cambiaba el tiempo, no estaría viviendo un mundo onírico?
Quizás nada era real, solo una pesadilla, llena de muerte.
Empuje con fuerza al chico del collar, salió del atontamiento en el que estaba metido, corrimos hacia el cementerio y fuimos a la tumba de Pepe, allí Boni me dijo algo que me sorprendió: —¿y si estoy yaciendo muerto pero soñando? ¡Era lo mismo que había pensado yo! Me recosté en la tumba de Pepe y observé que el cielo tenía algo distinto, no era igual que de donde veniamos, no sabía qué, pero notaba algo y era “malo”. El chico del collar me dijo que callara con un gesto de su dedo. Me espanté al oír como una voz siniestra nos llamaba a cada uno por nuestros nombres desde fuera del cementerio, y vi esa aparición (la neblina que yo suponía haber visto en realidad era un enjambre de moscas que sobrevolaban alrededor suyo).
Sin embargo, lo más terrorífico fue ver que no era humano, el rostro lo tenía alargado como una bestia con dos cuencas color rojo, el cuerpo deforme, los brazos muy largos con manos terminadas en garras.
El chico del collar y yo nos abrazamos llorando despavoridos.
Continuará…

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La muerte no es más que un cambio de misión.

Leon Tolstoi (1828-1910) Escritor ruso.

HISTORIAS MUY VIVAS 6—PUERTA A DOS MUNDOS

Otro nuevo relato de Lara y el chico del collar, espero que os guste. Un abrazo de luz .

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PUERTA A DOS MUNDOS

 

El silencio nos rodeó como aire denso que se pudiera cortar con un cuchillo.
Me acerqué a la caja de nuevo, miré fijamente a la chica que allí había: el pelo
rubio brillaba bonito, espectacular, la cara se veía suave y pálida. Mis dedos se fueron acercando
y con un miedo brutal toqué aquella piel y salté de la impresión. ¡Era una muñeca! Como pensé desde un principio.
¡No era yo! Miré al chico del collar y él me señaló una pequeña puerta que no había visto antes. Se abrió y salió una chica con la cara quemada.
Pegué un bote hacia ella y le dije:
– ¡Tú, quédate ahí! ¡No cierres la puerta, ni se te ocurra!
Pobre ¡Menudo susto se llevó! Se quedó como congelada, ni respiraba, claro que estaba muerta y eso había que tenerlo en cuenta.
Me dirigí corriendo a la puerta y atisbé unos segundos tras ella. Después sentí como un golpe en el pecho que me tiró hacía atrás; era un aire frío…como el hielo.
Aún sentía esa angustia que me entró al ver a mi familia al otro lado de aquella puerta.
Y pensé de golpe, el hombre de negro quizás piense que por estar muerta no me entero de nada. Sé que al menos hay dos mundos: Expiación y el lugar de detrás de la puerta. Los espíritus se supone que podemos traspasar las cosas…
Cogí al chico del collar y le dije: “cierra los ojos y agárrate de mi mano”.
Cerré los ojos y al abrirlos estábamos en una sala llena de gente y me di cuenta de la ventaja de viajar por el éter y poder buscar respuestas.
Claro que aquello no era nuestro funeral, era el funeral de alguien muy conocido. ¡Todos eran famosos! ¡Y como iban vestidos! Ni en una fiesta… Qué barbaridad. El escote de aquella levanta al muerto, que por cierto, era el único que no conocíamos.
Se echó a reír el chico del collar, mira Lara.
—¿Qué?
La chica del escote le ponía todas las tetas en la cara al muerto al darle un beso en la frente. Todos se miraban riéndose y nosotros nos partíamos de risa. ¡No, si al final se la revivirá al muerto! Las risas sonaban y la chica alelada no se daba cuenta.
Y me dije: “ya hay que estar atontada ¡por Dios¡”. Miré fijamente al muerto y le hice ver a Boni el parecido con el hombre de negro. Furiosa le dije al muerto: “me las vas a pagar hombre de las tetas en la cara, como seas él, te enviaré al infierno puto loco”.
Por lo pronto, hoy nos quedamos aquí con tanto famoseo y luego iremos por la chica de la cara quemada. Expiación nos espera.
Continuará…

HISTORIAS MUY VIVAS 5—MIEDO

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Bueno amigos míos, sigue la historia de Lara, espero que os guste el pequeño relato de esta semana. Un enorme beso y feliz jueves.

 

 

Expiación…¿Qué había hecho para estar allí? Suspiré y me quedé helada.
¿Cómo puedo suspirar? ¿Ehhh?.
Puse mi mano en mi pecho, nada, ni un pequeño latido, volví a suspirar esta vez más fuerte y tiré del chico del collar ¡Vamos!
Lo arrastré prácticamente hacía el cementerio que se veía al lado de las pequeñas luces del tanatorio, caminamos por un camino estrecho malamente iluminado, tumbas a un lado y a otro.
Miré fijamente un sepulcro con una escultura enorme, una chica vestida de novia parecía mirarme, me impresionó de manera terrible ¡Se parecía a mí!
Cansada, llena de angustia e incredulidad me senté en una tumba.
—¡Eyyyyy, chico del collar, ven y te sientas con Pepe!
—¿Quién es Pepe? Pues este de aquí, mira lo que pone en la lápida “José”.
—Rió con ganas y al final terminamos los dos muertos (nunca mejor dicho) de risa en la  tumba de Pepe.
Después muy serio me miró y me dijo:
—No me llames chico del collar, soy Boni.
—Hola Boni, ¿Boni de…) y empecé a reírme , ja, ja, ja, ja.
—¡Bonifacio!
—Ja, ja, ja, con el nombre…Y me quedé con la boca abierta, así, sin decir palabra de la impresión, una iluminación hermosa nos inundó, miles de estrellas caían sobre nosotros, pero Boni me hizo mirar alrededor, todo seguía oscuro como las cuencas del hombre de negro.
—¿Cuánto llevaré aquí? ¿Eran estrellas realmente?
Debí decirlo en voz alta, porque Boni me respondió enseguida.
—Mira es una puerta.
—Por alguna razón, pensé que era espantoso lo que nos esperaba allí y huímos como almas que  lleva el diablo, oíamos risas a lo lejos y el vello se me puso de punta.
—Pensé: no puedo morir pero tampoco vivir, estoy en medio de la nada, estoy penando por algo que no sé que es.
Extraviados, sin paz, la muerte no fue misericordiosa, sino fría y cruel.
¡Grité, grité mucho! Y solo se oyó la risa en la lejanía de nuevo.
—Vamos Boni, esto tenemos que empezarlo desde el principio, tenemos que volver a ver nuestros cuerpos y observar a las personas que hay.
—Tengo miedo, mucho Lara…Y en ese momento me lancé furiosa por él, ¡Ostras no escarmentaba! Lo atravesé y caí de manera ridícula, furiosa le espeté:
¡No haberte puesto el collar!
A buen paso fuimos atravesando aquella calle que nos llevaba al tanatorio, desconocidos bebiendo y fumando, algunas risas y por fin allí estaba de nuevo la caja con mi cuerpo dentro, mis ojos saltaron de las órbitas. ¿Quién era esa? Qué estaba pasando?.
Sentí un dolor enorme y musite perdón a no sabía quién…
—Tranquilízate Lara, iremos a hablar con el hombre de negro y esta vez nos contará lo que pasa.
Lo que siguió entonces fue un pavoroso silencio.—

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Si no conoces todavía la vida, ¿cómo puede ser posible conocer la muerte?

Confucio (551 AC-478 AC) Filósofo chino.