MAREA ALTA EN NUESTRAS BOCAS

Tus labios entreabiertos susurran:
te am… yo, con un beso interrumpo
la oración.

Muerdo tus labios suavemente,
mi lengua se reconoce con la tuya
marea alta en nuestras bocas.

Suspiros que naufragan entres los ecos
de tus gemidos; mis manos empiezan
a buscar las extensiones de tu cuerpo,
llanuras y quebradas; tus manos suben
a mi rostro, las mías siguen en tu cintura,
bajando a tus caderas, las nalgas, toda tu carne.

Las prendas van extraviándose
junto a los miedos que se alejan
confundidos, tú y yo unidos desde la boca
hasta nuestro ombligo.

Nos devoramos los labios con prisas,
con deseo, desnudos uno frente a otro,
arrodillados en nuestro lecho de nubes
nos palpamos hasta el alma.

Nos pintamos los lunares
saboreamos las clavículas,
nos deslizamos sobre la calidez
del crimen, pecados que bendicen.

Besos en tu cuello, mordidas en tus pechos,
voy dejando rastros de mis labios,
en la frescura de tu piel, siento el fuego
apoderarse de nosotros.

Bajo hasta tu sexo,
un océano me envuelve el paladar,
tu sabor es gloria bendita en mi boca,
te siento lista para la gran batalla.

Se alinean nuestras vibraciones,
temblando sentimos el sismo venirse
encima nuestra y el universo
explota sobre nuestra piel.

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Hoy, para muchas parejas es un día especial, para ellas ¡Feliz San Valentín! 

CUÁNDO TE CONOCÍ

Dicen que todo llega
a su tiempo, que todo fluye,
pues tú llegaste a mi vida
en el momento justo, ese
que te hace sentir como tu canción
favorita.

Dicen que el amarillo
da mala suerte, yo iba de ese
color y ahora es mi preferido.

La vida va y viene y tu viniste
y te quedaste, así, como quien
no quiere la cosa te metiste
en mi cama y en mi corazón.
Allí en la Alhambra

donde nos conocíamos
leímos
las paredes como dos ciegos,
con las yemas de los dedos.

Cien mil versos escritos
y no paraste de coger mi mano
y pasarla por los relieves.
Por que a veces la vida es solo
que te cojan de la mano e intentar
acariciar una pared llena de poesía.

Jamás nos separamos
tiramos el reloj y el almanaque;
no había horas ni días entre nosotros.

Te miraba envuelto
en la mantita azúl;
tirado en el sofá.

Mi gata acurrucada a tu lado
y deseaba meterme
contigo, totalmente desnuda
sentir como tu piel me hablaba
como me recitaba poesías.

Y, supe que serías

mi siempre.

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