POESÍA JAPONESA (詩歌)—SENRYU (川柳)

Hola amigos míos, hoy os explicaré el senryu, lo hice en otro post, pero hace tiempo y siempre viene bien refrescar ideas.
El senryu,  es idéntico al haiku en su métrica  (5-7-5), pero a diferencia del haiku  se usa todo tipo de subjetivismos y toda la lírica que queramos.
Para mi es uno de los poemas más bellos dentro de la poesía japonesa ya que el campo que abarca va desde: la muerte, sociedad, política, (ésta muchas veces con un toque de sátira) espiritualidad, sensualidad,  juventud,  infancia, vejez, amor, los momentos hogareños, las diferentes emociones, etc.  
Espero os guste los senryu que voy a poner.

SENRYU (川柳, Sauce de río)

 

Brota la vida
del alma que sí sueña
con él amor.

 

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Alados brazos
abrazan esas almas,
en soledad.

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Imagen: Rona Keller.

 

Esa sonrisa
que está en mi cara pálida,
es tuya amor.

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Haijin María.

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LA NIÑERA II

Si queréis leer la primera parte, este es enlace:  LA NIÑERA

 

LA NIÑERA II 

La niña avanzó hacia mí, sus ojos refulgían, su boca entreabierta mostraba unos dientes afilados, su cara era la misma maldad.
Me dijo con una naturalidad que me dejó petrificada: quiero tu sangre. Con ojos anhelantes, demasiado tristes para llorar intenté correr, pero estaba paralizada, sentí como me mordía, como la sangre corría por mi cuerpo, el calor que iba dejándome y me pregunté qué pasaría conmigo.
La mujer desfigurada me estaba mirando, apenas en un susurro me dijo: ahora eres tú su comida.
¡Grité y grité! Nadie contestó.
La niña sonrió y se acostó en la cama, cerró los ojos, aparentemente dormía, salí del dormitorio, busque a la mujer, una sombra corriendo, eche a correr tras ella, vi a la mujer de la cara desfigurada, apenas tenía carne que colgara de su cuerpo.
Para por favor, necesito que me expliques, dime que está pasando.—¡Calla! ¡Te van a oír! me miró temerosa. Pero si tú gritas como una descosida, yo ya estoy muerta, tú no… Gemí, ¿qué va a pasarme?—La niña no parará hasta que no tengas nada que darle, entonces ella misma te matará.
Pero ¿y los padres?—Ellos tienen más miedo aún, harán lo que ella les ordene. ¿No te diste cuenta? Ella es el mismo diablo.
Horas más tarde en su cama bocarriba pensaba en todo lo que le estaba ocurriendo, la niña había desaparecido, no se oía ni un ruido, la casa silenciosa le daba más terror aún.
—Me debía haber quedado dormida porque desperté al sentir que algo me estaba lamiendo, sobresaltada pegue un salto de la cama y me encontré con un perro de pelo corto, negro como la oscura noche sin estrellas.—Hola, pequeño — lo acaricie entre las orejas y mirándome con la cabeza gacha se dirigió hacía la puerta, gemía y tiraba de mí.
Me llevo hasta una habitación, todo estaba cubierto con sábanas negras, solo un pequeño mueble estaba descubierto, encima de él una muñeca, era un calco del bebé.
El perro me empujaba hacía ella y yo la miraba horrorizada, aún me dolía donde me había mordido.
Me estremecí de nuevo al oír el llanto más triste que jamás había escuchado en mi vida, era tal la tristeza que la trasmitía a toda la casa.
Sin embargo, la muñeca torció la boca en una sonrisa cruel, avance rápidamente hacía ella y la cogí, el miedo me congeló y no podía moverme, ella estaba latiendo con la fuerza de un corazón, pensé que me iba a morir ahí. Cuándo el perro me mordió de forma suave logré despertar de este horrible momento y salí corriendo hacía la puerta de la calle, abrí con cuidado el cerrojo y corrí como si me persiguiese el mismo demonio y así era, lo llevaba yo misma en la mano.
Ahora lo que oí no fue un llanto de tristeza, fue un alarido espeluznante y lleno de rabia. Mire hacía atrás y allí en la puerta estaba el bebé, corrí con más fuerza, pero ella me perseguía con una velocidad que casi me había alcanzado.
Cogí la muñeca y la metí en el agua, al lado de los lotos y la aguante allí bocabajo a pesar de que esta parecía poseída y se estremecía y retorcía, casi caigo en la locura, mi alma estaba atormentada y rota.
Vi como la niña se balanceaba, sus ojos rojos se abrieron tanto que creí se le saldrían, cayó pesadamente en el suelo frío.
Arranqué la cabeza de la muñeca y eché todo en el lago.
Cogí a la niña y también la sumergí, mil lágrimas resbalaron
por mis mejillas; supe que estaba atrapada en el horror de aquella casa, la luz está muerta igual que quienes habitan en la casa por toda la eternidad, ahora lo sé, yo seré otra moradora.
Pronto alguien volverá por nosotros.

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HASTA DORMIDO ME SERENAS

¡Bendito seas!
Contigo no hay miedo,
hasta dormido me envías
cartas de amor,
¿cuándo la escribiste?

Palabras sencillas, palabras sentidas;
que han hecho que respire
yo, que me ahogaba
me faltaba el aliento en este
mar lleno de mil tormentas.
Y, aún así, me quema la rabia
con llamas del infierno,
de ese, que nos han dado
sin quererlo.

Quiero que la locura
se apodere de nuevo de nosotros,
que la vida nos envuelva,
que se vaya la bruja del cuento,
que comamos perdices.

Voy preguntando llena de pena;
donde se compran los finales felices,
cuando el cuento se transforma en hadas
y duendes llenos de sonrisas,
cuando dejaremos este yermo paisaje.

Me abrazo fuerte en un remedo
de recordar tus brazos, oigo tu risa,
esa ironía tan tuya, qué hasta en este
día la has usado para sacarme una sonrisa.
Ahora ya no escribo poemas,
me paso la tarde leyendo:
“No entres dócilmente en esa buena noche”.
Dylan Thomas, mi infierno particular,
el acompañante que ahora quiero,
aquel que con su poesía me hace sentir
que entiende este dolor que me rasga.
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POESÍA JAPONESA (詩歌)—TANKA(短歌 TAN-KAH)

El término tanka, significa en su versión más antigua, algo tan conciso como: poema corto (短詩).
El tanka es un poema escrito en dos estrofas seguidas sin interrupción con una métrica de: 5-7-5-7-7 (treinta y un sílabas japonesas).
Las primera (estrofa) está compuesta con los tres primeros versos y es el auténtico origen del haiku, con sus diecisiete onjis (sílabas japonesas) y separados de las dos últimas líneas recibiendo originariamente el nombre de hokku.
Tiene en el tercer verso -el pivote- este debe contener palabras que enlace imágenes en el kami-no-ku (o verso superior) y el shimo-no-ku (o verso inferior).
el Tanka lo creo Masaoka Shiki.
Según algunos autores, su principal utilidad era la de transmitir mensajes secretos entre amantes.
Si queréis una explicación más detallada, está en la etiqueta de poesía japonesa.
TANKA(短歌 TAN-KAH)

 

 

Escribe en mí

soy una hoja vacía,

de grafos lléname.

Vierte tus letras rojas,

con tu pluma en mi piel.

 

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HE BUSCADO A DIOS

He buscado a Dios
entre las lecturas del Evangelio
y las oraciones de un niño.
Lo he buscado en las ofertas de los domingos
y en las charlas de un sacerdote.
Luego un día,
uno de esos días sin razón;
lo he encontrado:
estaba entre los dibujos de un vagabundo,
y en las manos de un obrero,
estaba entre los pensamientos de un loco
y en las manos de un artista.
Estaba entre los mil colores de la vida
y en el llanto de un niño,
estaba entre las palabras que escribí,
y en la calle que estaba siguiendo
sin saber como se llamaba.
Por mí misma,
Entendí lo que quería:
Que yo simplemente,
intensamente… Viviera. 

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POESÍA JAPONESA(詩歌)——HAIBUN (俳文)

Hola, amigos míos, como ya os he explicado en otros post, es un poema japonés que combina la prosa con un Hokku, esta es la forma tradicional, ya que cuando comenzó a escribirse aún no se conocían los Haikus, ahora los dos poemas son válidos. El poeta japonés del s. XVII, Matsuo Bashō, fue uno de los pioneros en el cultivo de este género literario. Escribió haibun de gran calidad como sus crónicas durante sus numerosos viajes. Si necesitáis alguna explicación porque os apetezca hacer uno, aquí estoy siempre para vosotros. 🌸🌸🌸
Besitos de luz.

LA JACARANDA

Se viste el árbol con unas hermosas flores azules, alfombra el camino de hojas, parezco una princesa pisando este suelo maravilloso. 
Y pensé mientras paseaba entre estos maravillosos árboles en lo sola que estaba, que no me encuentro, que no sé quién soy. 
Miro el hermoso lago, de cristal de Murano parece, tan brillante, tan sereno que el alma se me para y pienso: quizás un día mi sueño se cumpla, quizás el fuego me queme el corazón y sienta la primavera en mi vida. 
Tejo sueños con las flores, los adornos con zafiros de ese cielo tan límpido, veo como cae lentamente una flor y siento que alguien estará besándose y dejo caer una lágrima que moja un pétalo.
Cojo una flor, tiene forma de copa un poco ladeada y brindo por la vida, cojo un puñado miró y parecen de tul, ¡Qué belleza! 

Me levanto de la orilla y vuelvo sobre mis pasos, la flores caen en mi pelo, hace que se vea azulado, me quedo absorta y pienso que a este paseo le falta algo, una compañía, la tuya, pero sé, que un día, estaremos aquí los dos y quien sabe si no podremos estar en la mágica cabañita de madera.

Mirando absorta 
la jacaranda azul, 
me siento viva.

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LA NIÑERA

Con este relato participé en el concurso de la incansable   lo hice el último día a última hora, vi el concurso y pensé: intentalo. Así que me puse a escribir y en apenas una hora u hora y media terminé el relato, tiene obviamente menos votos que los demás pero estoy contenta de haber participado. Mil besos Pau, por ser tan generosa con todos.

LA NIÑERA

La puerta enorme de madera oscura y lienzos góticos se abrió sin darme tiempo a tocar, miré el enorme vestíbulo, allí cabía sin problemas mi apartamento, estaba alucinando por lo que veía: enormes cuadros, ventanas con unas cristaleras de colores que al entrar los rayos de sol iluminaban la estancia como un arcoíris, una mesa donde podían sentarse al menos 20 personas cómodamente, en la que encima habían colocado un delicado jarrón de cristal y dos hermosos cisnes también de cristal.
La lámpara me pareció una de las cosas más bellas que había visto, lágrimas como diamantes conformaban filigranas que los ventanales hacían que brillará y se llenará de color.
Justo en ese momento vi venir hacía mí un hombre alto, vestido totalmente de negro, su cabello andrino, ojos azabache, todo en su figura impresionaba. Con una voz ronca se dirigió a mí: -debes de ser la niñera-.
Dije un tímido -sí- venga por aquí, me dirigió hacía unas escaleras inmensas, con unas maravillosas barandillas de madera, que al contemplarlas de cerca me di cuenta de que eran pequeñas figuras retorciéndose, sentí un pequeño escalofrío.
Paró delante de una puerta y la abrió, -pase por favor, esta es su habitación-.
Cuando me vi dentro parpadee varias veces, hermosa, llena de luz y con unos muebles que parecieran salir de unos cuentos de hadas, ¡Me encantó. Una sonrisa enorme cruzó mi cara al mirar al hombre que me había llevado hasta allí.
El muy serio me dijo: me llamo Carlos, si necesita algo me avisa, en la cena conocerá a la señora.
Cuando por fin me quedé sola me dirigí al balcón y me quedé sin respiración, el paisaje era bellísimo, con un estanque lleno de flores de loto, con tantas flores que se perdían, los árboles daban sombra a unas tumbonas. Daban ganas de bajar y leer un libro en aquel lugar que inspiraba serenidad.
Recordé no sé por qué las figuras de las barandas y me estremecí, se me vino a la cabeza los extraños cuadros, las figuras terribles que había pintadas, pensé en la distinta decoración de la casa, como si hubiese sido decorada por dos personas distintas.
De pronto se oyó un grito aterrador, el corazón me dio un vuelco, me asomé al pasillo con cuidado y vi aquella mujer con los ojos rojos, la cara desfigurada y una figura esquelética, me miró y sonrió, aquella sonrisa te dejaba helada, cerré la puerta con cuidado, me apoyé en ella y pensé en irme pitando.
Jamás en mi vida había contemplado algo que me diera tanto terror, intenté tranquilizarme, suspiré hondo dos o tres veces y decidí pegarme una ducha y bajar a cenar.
Un pequeño golpe en la puerta me anunció la cena, bajé la escalera con un poco de temor, al entrar al comedor de nuevo me quedé sorprendida, parecía un salón del siglo XVIII lleno de esplendor, una mujer blanca como la cera vino hacía mi, me beso las dos mejillas y me susurro al oído: que buen color tienes niña… Todo el cuerpo se me puso erizado a pesar de la sonrisa que luego me obsequió.
Nos sentamos a la mesa los tres, el silencio dominó la cena, hasta que un grito gutural sacudió los cimientos de la casa, me estremecí y miré asustada, mis anfitriones, no podía creerlo, ¡Estaban tan tranquilos! Pensé: me voy, ¡Pero ya! 
Me levanté con brusquedad, lo siento, creo que no me interesa el trabajo, salí del salón y subí las escaleras, abrí la puerta del dormitorio y allí estaba: un bebé de unos dos años, vestida de negro, el pelo del color del trigo y los ojos más rojos que el zafiro, las lágrimas me corrieron, pensé con melancolía en mi casa, tan segura, tan acogedora y supe que no la vería más.
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