LA FRIEGAPLATOS

Trabajaba en la cocina de un restaurante de lujo, sonaba música de Jazz. No era chef, ni salsera, tampoco hacía las ensaladas. Su trabajo se limitaba a fregar platos, vasos, etc.
Doce horas sin parar por una miseria. Solo por el placer de esos cinco minutos.
Ese era el tiempo del que disponía para verlo.

Pero cada día se atormentaba sin cesar por la oportunidad dejada pasar. Aquella plaza de profesora de Historia que ella tanto deseaba.

—”Dios. Es tan difícil quererte, es tan difícil dejar de hacerlo. Yo simplemente te miraría a los ojos y te diría: te amo, pero me voy, me voy lejos. Pero no puedo”.

Esos pensamientos la tenían absorta, hasta que alguien le dijo: ¡Es tu hora!

Pegó un respingo, se quitó el delantal y se limitó a ponerse el abrigo por encima del uniforme.

Salió a la calle y comenzó a caminar. Decidió echarse por una calle estrecha y poco iluminada. Ella nunca se echaba por allí, pero acortaba bastante hasta su casa y se encontraba tan cansada…

Se fijó en una sombra detrás de ella. Avanzó un poco más rápido y se dio cuenta que la oscura silueta también aligeraba el paso. Volvió a avanzar más deprisa y la figura le seguía los talones, sintió miedo, empezó a correr, la imagen corría a su lado. Gritó y jadeante alargaba la zancada. Asfixiada y temblorosa llegó a su casa. Metió las llaves, cerró con rapidez la puerta, se apoyó en ella y dejándose caer al suelo lloró con verdadero terror.
Con el maquillaje corrido y aún hipando agitada, decidió no cenar y meterse en la cama.
Estaba adormilada cuando un ruido la hizo abrir los ojos, miro alrededor y no vio nada. Encogida se acurrucó entre las sábanas. Sintió de nuevo el sonido. Abrió los ojos desencajada. Allí a menos de un metro de ella, unas pupilas rojas la contemplaban. Se tapó la cara y ojeó entre los dedos, la mirada seguí allí.
Aterrada chillo, chillo como jamás lo había hecho. Y de pronto se dio cuenta: ¡Estaba mirando su propio espejo!
Y supo: que nunca te puedes librar de tu sombra ni del miedo a tu propio fracaso.

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María.

 

 

 

 

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10 comentarios en “LA FRIEGAPLATOS”

  1. Impresionante María, desde la presentación que describe la rutina con las palabras exactas y la huída aterrorizada, la presencia del miedo de una mujer que camina sola por las calles, hasta el inesperado desenlace. Un beso.

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  2. Un texto muy completo. Te imbuye de las emociones del personaje, y el final tiene el punto justo de imprevisibilidad pero está hilado maravillosamente.

    Cuántas veces dejaremos escapar nuestros sueños, persiguiendo fantasmas de humo…

    PS: estuve trabajando de friegaplatos 13 horas al día, y la frustración de no poder hacer nada más que eso es tal y como la describes. Con el tiempo pasé a preparar ensaladas y platos al corte y la cosa cambia. ¡Ánimo a todos los friegaplatos del mundo!

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